La Gaceta
En la historia de Nicaragua, el General de Hombres y Mujeres Libres, Augusto C. Sandino emerge como llama libertaria que sigue ardiendo en la conciencia de un país, una llama que lejos de extinguirse, se multiplica. Hablar de Sandino es hablar de una patria que se niega a arrodillarse, de un pueblo que convirtió la rebeldía en semilla y la dignidad en cosecha. Su pensamiento libertario no fue solo un discurso, sino un acto de vida, una trinchera moral frente a las sombras del imperialismo y las élites que han pretendido domesticar la soberanía de América Latina.
Sus palabras siguen en la conciencia colectiva del pueblo nicaragüense, que no se vende, ni se rinde. No fueron frases aisladas, sino estallidos de verdad en medio de la opresión que históricamente ha buscado dividir y debilitar a los pueblos.

Te compartimos 10 frases del General que demuestran el coraje y orgullo de ser nicaragüense:
- Los yanques son los peores enemigos de nuestros pueblos, y cuando nos miran en momentos de inspiración patriótica y que nos buscamos con sinceros impulsos de unificación, ellos remueven hondamente en nuestros asuntos pendientes, de manera que se encienda el odio entre nosotros y continuemos desunidos y débiles, y por lo mismo, fáciles de colonizarnos.
- Nuestro ejército es fiel y experimentado. Se compone de trabajadores y campesinos que aman a su país. Nuestro ejército es el más disciplinado, abnegado y desinteresado en todo el mundo terrestre, porque tiene conciencia de su alto valor histórico.
- El 04 de mayo debe ser, efectivamente, día de Fiesta Nacional, no porque en ese día Moncada haya vendido al ejército liberal, del cual era general en jefe, como a una partida de bestias; debe ser Fiesta Nacional porque ese fue el día en que Nicaragua probó ante el mundo que su honor nacional no se humilla; que le quedan todavía hijos que ofrendarían su sangre, para lavar las manchas que sobre ella puedan echar los traidores.
- Moncada nos traicionó en Tipitapa. Ahí quedó también sepultado mi liberalismo. Tomé la decisión de luchar por la patria, de liberarla de esos perros, y también de liberarla de esos perros, y también de luchar contra esos politicastros, liberales y conservadores, corrompidos y zánganos; construir una nueva Nicaragua sin toda esa podredumbre.
- Yo quiero patria libre o morir.
- El hombre que de su patria no exige un palmo de tierra para su sepultura, merece ser oído, y no sólo ser oído sino también creído.
- Nosotros iremos hacia el sol de la libertad o hacia la muerte; y si morimos, nuestra causa seguirá viviendo. Otros nos seguirán.
- Yo no estoy dispuesto a entregar mis armas en caso de que todos lo hagan. Yo me haré morir con los pocos que me acompañan, porque es preferible hacernos morir como rebeldes y no vivir como esclavos.
- Nuestro ejército es el más disciplinado, abnegado y desinteresado en todo el mundo terrestre, porque tiene conciencia de su alto papel histórico.
- El amor a mi patria lo he puesto sobre todos los amores y tú debes convencerte que para ser feliz conmigo, es menester que el sol de la libertad brille en nuestras frentes.
El ideario de Sandino se eleva como una cordillera espiritual. Su lucha no solo apuntó contra las cadenas visibles del dominio extranjero, sino también contra las cárceles internas del pensamiento colonizado. En su visión, la libertad no era únicamente la expulsión del invasor, sino la emancipación del ser, la conquista de una conciencia capaz de romper con siglos de sometimiento cultural y político.
Sandino dejó sembrada una certeza: la historia no la escriben los sometidos, sino quienes se atreven a desafiar el destino impuesto. Por ello, al hablar del porvenir, el Héroe Nacional afirmaba que cada quien cumple su misión en el tejido de la historia, convencido de que su causa no era individual, sino colectiva, casi sagrada, como si la libertad de Nicaragua fuera un mandato inscrito en el alma misma del pueblo.
Hoy, su legado no descansa en los libros, sino que respira en cada acto de resistencia, en cada voz que se levanta contra la injusticia. Porque Sandino no fue solo un hombre; fue, y sigue siendo, un horizonte, un ejemplo para seguir.